Villalfeide-Polvoreda, una de esas carreras con ganas de
hacer desde hace mucho tiempo, no sé si por verla a diario desde mi ventana, si
sí, ahora, desde mi sofá, con solo girar el cuello, veo la montaña que ayer me
puso en mi sitio, y es que si existe una Juez implacable, esa es la Montaña…Pone
a cada uno en su sitio, sin piedad, sin margen, sin importarle una puta mierda
el estado anímico en el que puedas quedar después de la carrera, ya que
físicamente te va a dejar destrozado, precisamente, llamadme masoquista, pero
eso, me encanta.
Llegaba a la carrera en la segunda semana de carga posterior
al Ironman. Prueba, la cual al día siguiente de terminarla estaba bastante
mejor de cómo estoy hoy, pero que dos meses después de hacerla me tiene “seco”,
no encuentro las sensaciones o el estado que llegue a tener por el mes de mayo
cuando he podido experimentar uno de los mejores estados de forma de mi vida.
Por ello, poco a poco he empezado a darle de cara al final de temporada con el
half de Ribadesella, y llevo 2 semanas con la lengua fuera, muy cansado, pero
más o menos asimilando bien la vuelta a la carga.
Aquí llega la III Carrera de Montaña de la Copa, donde las
Tortugas queremos hacernos notar, y no puedo hacer otra cosa que apuntarme y
sudar al lado de mis compañeros y dejar
hasta el último aliento.