Una semana después de Balboa, toca volver a calzarse las
zapatillas y salir a rodar un poco, como las tradiciones son para cumplirlas,
antes y después de una carrera, me gusta reajustar mis chacras en el Monte San
Isidro, esa soledad, deja libre la mente para volar entre sueños pasados y
futuros.
Antes de pensar en a la vez “temida y deseada” Alto Sil,
tocaba sacar conclusiones de Balboa, y generalmente se sacan rápido, el año que
viene, volvemos, este año, mucho por pensar.
Partes de la base que el precio ya está ajustado a un
colectivo. Desde nuestra llegada a uno de los rincones más bonitos de la
provincia, el trato ha sido especial. Nos dirigimos al Molino de Agüita, donde
un mítico mojito nos espera y es allí donde año tras año nos juntamos con parte
de la familia de trail runneros. Entre risas y buenos momentos, aparece el
cuerpo y el alma de este trail. Chuso, si viviéramos en el Reino Unido, estoy
convencido que tendría el trato de Sir, al vivir en El Reino, tiene el de
paisano.
Paisano con todas las letras, nunca el caos más absoluto,
está totalmente bajo control, nunca el trato tan cercano, tiene la visión del
más experimentado trailero que se
aventura a decir que sufre más en una carrera de 5km, que en un ultra maratón,
por lo que te estás asegurando hablar el mismo idioma.
